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Monday, August 22, 2011

IX. La Carta de don Diego

Donde los muertos siguen de parlanchines explicándonos sus queveres a través de cartas.

Ciudad de Méjico – 1668

Querida Juana, Hija,

A mis manos me han llegado cartas semejantes de amigos o familiares que ya están más allá del bien o del mal.  Muchas veces estas cartas están llenas de amargura y el difuntito se queja de perjuicios reales o imaginarios que le causo el lector y juran que lo denunciaran en una corte ultraterrena.  Otras cartas, las menos, le atestiguan al que la lee que el difuntito estará agradecido por toda la eternidad de haber conocido al lector y espera pedirle al santísimo (esto es si los pecados del difuntito no lo refunden en otro lugar y ante otra presencia) que el lector goce de una larga y feliz vida.

Hija, por mis pecados, que fueron muchos pues, créelo o no, pero alguna vez fui joven y guapo y no el viejo decrepito que conocisteis, dudo que pueda yo interceder ante nadie por vos.  Sin embargo, aun refundido en un lugar apretado y caluroso recordare con agradecimiento el placer que me dio vuestra persona y fino intelecto.

Lo ultimo que supe de vos es que habíais sido aceptada como novicia en el convento de las carmelitas descalzas.  Tal noticia, lo admito, me causo asombro.  ¿Qué os motivo a tal cosa, hija?  Tal parece que pensáis que la sociedad os insiste en enclaustraros, de alguna manera o otra, bien en el matrimonio o en una celda de carmelita, y que vos decidisteis que si os van a crucificar que sea con los clavos mas crueles posibles. 

Que me perdone Dios, pero espero que recapacitareis.  Vuestro intelecto no se lo merecen las carmelitas.  ¡Lo afirmo hoy, todavía en vida, y lo afirmare así durante mi juicio!  Dios os ha coronado con ese intelecto y si lo encerráis en tal claustro estas rechazando un don divino.  Y eso, Juana, es el peor pecado que me puedo imaginar.

Pero, ¿qué se yo?  Para ahora, todo lo que yo haya aprendido o entendido ya engordo a un gusano que entro a mi cráneo.  Ojala que el bichito no se empache ni se crea mejor que sus hermanos por comer esos pellejos llenos de errores. 

Los libros de los que mal extraje mis conocimientos, los mismos que me causaron mas dudas, que me llenaron de frustración confundiendo mi corto intelecto, esos libros, a los que amo y odio, le he pedido a doña Leonor que os los haga llegar.  Creo que es lo mejor.  Si se los dejo a la universidad no tardaran en empezar a husmear ahí los doctos señores de la inquisición y pronto harían una hoguera adonde con gran algarabía quemarían a la pagana Safo, al moro Al Kwarizmi, al hebreo Baruch de Espinoza, y al resto de mis viejos amigos que vivieron en el error por no conocer o negar a Jesucristo.

Sin embargo, en los últimos meses he vendido algunos de estos libros para hacerme de un capitalito cuyo fin os explicare mas adelante.  Para colocarlos y no malbaratarlos use los servicios de don Jacobo Ramírez, cuya tienda de libros usados, atrás de catedral, vos bien conocéis.  No puedo sino recomendaros que, si podéis, sigáis cultivando la amistad de don Jacobo (aunque creo que en las carmelitas descalzas leer libros que no sean los evangelios esta prohibido).  El hombre es un erudito y puede reconocer cuando cae aquí una joya.  Dios lo guarde pues la inquisición sospecha que es un judío converso y no les faltan ganas de inventarle una acusación de herejía y hacerlo chicharrón.

Y decía que he juntado un capitalito vendiendo libros que no considero de gran valor o que ya tengo repetidos.  Estos dineros doña Leonor se encargara de ponerlos a tu disposición.  Veras, hija, tengo a mi servicio a un mozo muy servicial.  Se llama Lorenzo Ixtlilxóchitl.  Con el legado que os dejo os pido que lo continuéis teniendo a vuestro servicio directamente o bajo vuestros tíos.   Lorenzo es muy fiel, sobrio, y discreto.  Conoce de albañilería, es inteligente y discreto, me ha servido de correo,  y tiene contactos en todo Méjico.  Lorenzo tiene también un encargo que daros de mi parte y tal hará a su tiempo.  No lo presionéis en este menester, por favor, él sabrá cuando es el momento correcto de hacerlo.

Por ultimo, repito e insisto, Dios quiera y que decidáis salir de la casa de locas que es el convento ese de las carmelitas.  Y si insistís en tomar las ordenes, creo que lo mejor que podríais hacer seria integraros al convento de las jerónimas.  La regla ahí no es tan severa y podríais tener criados, un claustro bien dotado con una cama blanda y no de piedra como en las carmelitas, y se os permitiría recibir visitas y tener tertulias.  Se bien que las jerónimas requieren una dote generosa para admitir una novicia.  No os preocupéis por tal cosa.  Dona Leonor y el virrey estarían dispuestos a proporcionar esta.

Hija, no me queda mas que extenderos mi bendición con esta mano de pecador.  Recordadme siempre cuando abras uno de los libros que os lego.  Y, si podéis, rezad para que el buen Dios no sea tan severo al sopesar mis errores.

Fray Diego Rodríguez
Mercedario, catedrático de astrología y matemáticas
Real Universidad Pontificia de Méjico

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