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Tuesday, August 23, 2011

VIII. El Secreto

Del libro de Pedro de Santa Cruz, donde se descubre que el tal Pedro no es Pedro sino Yusuf.

Prendí una veladora y me dispuse a leer los folios que mi padre me había dejado.

Hijo Mio:


Os pido me perdonéis no haber sido mejor padre. Muchas veces fue mi intención traerte conmigo y reconocerte plenamente como tal, sin importar lo que dirían mi esposa y sus hijos. Si no lo hice entonces soy culpable de tibieza y poca hombría y de esto daré cuenta adonde mi alma vaya a parar. Sabed que he decidido enmendar mis acciones de la única manera que me queda.

He vivido toda mi vida una mentira. Sabed que igual hicieron mi padre y el padre y abuelo de este. Ahora, cerca de la muerte, no puedo dejar que esta mentira muera conmigo y debo confesaros la verdad. Sois mi único hijo. En ti reconozco la planta de mi padre. Las infidelidades de mi mujer me son bien conocidas. Y aun si los hijos de doña Catalina son míos, por lo falsos e indolentes que me han resultado, los creo más hijos de ella que míos. Pero, ¿como me atrevo yo a lanzar acusaciones de falsedad? Es por eso que debo haceros saber la verdad.

Sabed primero que nada que no, no somos cristianos viejos como se asienta en las actas que seguramente con mucho alarde vuestros medios hermanos enarbolan ya. Todo lo contrario, somos descendientes del ultimo rey moro de Granada, Boabdil, a través de una de sus favoritas, de ahí tal vez mi tibieza y cobardía. Pero no buscare mas excusas. En efecto, el abuelo de mi padre se convirtió a la fe católica al caer Granada. De ahí el nombre que tomó para su familia, Santa Cruz. ¿Como dudar de la cristiandad de quien porta este nombre? Soltó buena plata y acabó con patentes de cristiano viejo. Bien se dice que poderoso caballero es don dinero.

Y si a ti os admito esto también os diré que tal vez fue un acto de rebeldía de mi parte el que me llevo a buscar a el amor de vuestra madre, mujer buena que nunca negó el ser de sangre conversa. El amor que tuve a vuestra madre es lo único de lo que no me avergüenzo.

Y os preguntáis por qué os hago saber tal noticia ahora, muerto ya. Sabed que la sospecha del origen de mi familia siempre residió en mi esposa, doña Catalina, y esta descubrió el secreto hace varios años. Con él me ha chantajeado y ultrajado mi honor sin que yo pudiera hacer nada en contra de ella. En esta España nuestra, intolerante y católica, el que se haga público mi secreto me hubiera sido funesto, incluso para vos, que es bien conocido que sois el hijo de una conversa.

Y pensareis que no seria tan imbecil doña Catalina de arruinarse conmigo. En eso estáis en lo cierto. Esa es la razón por la cual siempre he sospechado que mis recientes achaques han sido inducidos por ella para asegurar mi muerte. Y también me amenazo con buscaros y haceros mal también.

Considerad entonces esta carta como una advertencia. Tenéis ya enemigos poderosos y probablemente sospechan que conocéis mi secreto. Por eso os doy estos detalles. Prefiero que estéis al tanto de lo que arriesgáis y no operéis a ciegas. Bien saben ellos que este secreto los puede destruir.

Por ultimo, un resquicio de dignidad quedó en nosotros. Mi padre me dio el nombre moro Omar al decirme este secreto siendo yo tan solo un niño. El nombre moro de él era Hakim. No soy Tomas como fui bautizado en la iglesia de los cristianos aunque moriré bajo tal nombre. Igual, vuestra madre os nombró Yusuf pues tal era el nombre de su padre. Así pues, si alguna vez decidís abjurar de Cristo asumid os ruego el nombre de Yusuf Bin Omar.

Ahora quemad esta carta.

Vuestro padre,

Omar Bin Hakim

Los otros documentos consistían de unos escritos en árabe que deduje eran testimonios de mis ancestros que tal vez habían venido de África con el tal Tariq. También habían unas cartas muy tiernas de mi madre y una de las biblias de los moros, el Coran. Lo abrí. Estaba escrito en caligrafía árabe, cosa que no me era comprensible, pero también incluía una traducción al castellano. En su frontispicio había unos como ejercicios de caligrafía árabe escritos en una mano infantil. Lo único que pude entender fue un nombre en castellano: Miriam.

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