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Friday, August 5, 2011

XXVI. Los Dioses Hablan

Texcoco – 1652

Donde una doncella viaja hasta el Coatzacoalcos y nos trae nuevas funestas

Era casi la medianoche cuando don Diego salió del convento juanino acompañado solamente por un criado que portaba una antorcha.  El anciano se dirigió por una triste avenida hasta llegar a una yerberia o farmacia indígena que se alzaba al cobijo de una iglesia dominica.  Toco tres veces.  No hubo respuesta.  Volvió a tocar.   Eventualmente la puerta se abrió.  El mozo sostuvo en alto la tea e ilumino a una joven guapa y muy morena y menudita de tal vez unos 25 años.

--¡Hija! –exclamo el anciano abrazándola.

--¡Tata! –contesto la joven abrazándolo.

Don Diego y el criado entraron a la tienda.

--Espérame aquí Francisco por favor –indico el anciano--.  Necesitare que me acompañéis de regreso al convento.

El anciano y la joven entraron a una sala interior.  

Don Diego, han de saber, nunca negó ser hombre a pesar de ser fraile.  En algún momento se enamoro perdidamente de la madre de la jovencita y de ese amor nació esta, cuyo nombre es Xochitl.  No pudiendo tomarla por esposa,  don Diego le puso casa en Texcoco y las visitaba cada vez que iba al convento juanino.

Un par de años antes había muerto la madre de Xochitl.  Esta había crecido y resulto haber heredado un intelecto extraordinario.  Su talento e ingenio fue reconocido por la Hermandad Blanca y decidieron darle entrenamiento como tlacuila o pintora de códices.  Pero tal era el talento de la joven, especialmente para manejar las matematicas de la cuenta larga, que pronto esta se convirtió en una de las estudiantes más avanzadas de la orden y, eventualmente, fue admitida a la Hermandad Blanca a pesar de su corta edad.

--Don Eusebio me hizo saber que habíais regresado –explico don Diego.  No sabéis cuanto le agradezco a Dios que habéis regresado con bien.

--No tuvimos problema, tata.  Nos tomo meses ir y venir pero con la escolta de don Raúl no tuve ningún incidente.

--¿Esta ahí todavía la ciudad?

--Hueyapan, la ciudad de la sabiduría, todavía está ahí, tata, a orillas del Coatzacoalcos, aunque ahora está cubierta por la jungla.

La joven le sirvió un tarro de chocolate al anciano. 

--Tata, identifique el teocalli sagrado.  El mapa que nos ha llegado es fiel a la urbanización que se divisa.  Un pájaro seguro podría divisar la forma de serpiente emplumada de la isla.[1]

--Eso ya de por si es extraordinario –dijo el anciano.

--Hice el ritual tal como se prescribe.  Ayune los días previos y purifique mi cuerpo y mente.  Finalmente, en el solsticio ascendí sola a las ruinas del teocalli e hice el sacrificio a Quetzalcoatl: unas rosas tal como se hacía en el Tollan de la antigüedad.

--¿Y bien?

--Al llegar Venus a su cenit… --la joven titubeo.

--Decídmelo, hija, debo de saber.  Solo vos estabais calificada para hacer tal ritual.

--Tata, los dioses pueden ser crueles.

--Hija, han sido pacientes y misericordiosos.  Prueba de ello es que la Hermandad todavía existe.  Dímelo todo, hija, no importa.   Soy el gran maestre de la orden.  Tengo que saber.

--La voz que oí me hablaba en maya clásico con inflexiones elegantísimas.  Su mensaje me quedo grabado en mi memoria y os lo cito:

Lo que ha vivido oculto
Sera pronto revelado
España lo ha anhelado
Y le quiere dar sepulto

Y si queréis evitadlo
Buscad hijo de los reyes
Instruidlo en las leyes
Consagradlo y amadlo.

Si el rey se sacrifica
Y su muerte es hermosa
Anahuac esplendorosa
Renacerá magnifica.

Don Diego suspiró.

--Similares palabras escuche en la cueva debajo del Tepeyac donde la señora que siempre ha sido adorada ahí me lo reveló.   Y sabedlo, hija, mi ahijado, Lorenzo, no tengo duda que es el rey al que los dioses piden su sangre.

--No cabe duda, tata, los dioses piden que el rey debe de morir si el Toltecayototl va a seguir vivo.

--El rey es apenas un muchacho, muy noble, si, pero ignorante de estos menesteres.

--¿No hay otro remedio, padrino?  Sé que amáis a Lorenzo.

--Todos vamos a morir, hija.  Solo podemos pedirle a los dioses que nos concedan tiempo para hacer de ese pobre muchacho un rey tan formidable como los de la antigüedad.  Solo con un paladín fiero el toltecayototl podrá sobrevivir.

--¿Le haréis saber su suerte?

--No.  El rey debe de tener la sabiduría para reconocer lo que debe de hacer llegado el momento.  ¡Ay Dios!  ¡No sería la primera vez que me equivoco!  Tal vez Lorenzo no es el indicado y en tal caso su sacrificio sería inútil.  Es por eso además que no le hare saber estos menesteres.

--¿Qué podemos hacer entonces?

--Los dioses hablaron, hija.  Si Lorenzo es el rey mencionado, entonces debemos instruidlo, consagradlo, y amadlo.



[1] Hueyapan, o la ciudad Serpiente Jaguar fue recientemente redescubierta cerca de Minatitlán, Veracruz, en las llamadas lomas de Tacojalpan, que no son sino unas pirámides cubiertas por la selva.

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